El nuevo modelo: compartir es delito

Ante la decisión del PSOE de enrocarse en su línea antipirata para intentar ganarse el favor del brazo propagandístico del «mundo de la cultura», dejo aquí cuatro modelos de negocio de los dueños de derechos de autor que compiten entre sí. Resumen: están perdiendo los piratas, perderá toda la sociedad y la distopía de Stallman se hará realidad.

1. Restricciones digitales

La primera opción de las industrias de contenidos digitales (p.ej. música o videojuegos) ha sido el del DRM, o gestión de restricciones digitales. Si la tecnología permite la copia indiscriminada de sus obras, quizás la tecnología pueda impedirlo y crear una escasez artificial. Sin embargo, tanto el agujero analógico como la habilidad de los hackers han demostrado que el DRM no es todo lo fiable que quisieran.

2. Dar pena

En una sociedad informatizada, hay artistas que deciden prescindir de las vías tradicionales para la explotación comercial de sus obras y apuestan por maneras más novedosas y autogestionadas. Usan internet para la difusión de sus obras sin DRM porque saben que al final son inútiles, y entonces dependen de la buena voluntad de sus seguidores, de que estos paguen por el contenido artístico que «consumen» para poder seguir ganando dinero con sus creaciones. Este modelo de negocio, de manera parecida al anterior restrictivo, consiste en «dar pena», en llorar y en hacer sentir culpables a los consumidores si no pagan por lo que ven/leen/escuchan, que tanto esfuerzo (y también dinero) le ha costado al artista y al productor.

3. Dar libertad

Hay una variante más valiente del anterior método y se llama «dar libertad», siendo ésta tanto tecnológica (sin DRM) como legal (con licencias libres, GPL, Creative Commons). Estos creadores ofrecen sus obras libres de taras y explican a sus seguidores que se financian mediante compras y/o donaciones. Nadie llora, nadie se escandaliza si no pagas y muchos agradecen la libertad ofrecida.

4. Criminalizar, no en un discurso sino legislando

Desde la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual de 2015 (la del canon AEDE), la copia privada ha quedado limitadísima. La comunicación pública, derecho exclusivo del autor y sus autorizados, se define en el artículo 20:

«1. Se entenderá por comunicación pública todo acto por el cual una pluralidad de personas pueda tener acceso a la obra sin previa distribución de ejemplares a cada una de ellas.

No se considerará pública la comunicación cuando se celebre dentro de un ámbito estrictamente doméstico que no esté integrado o conectado a una red de difusión de cualquier tipo».

Entre varios casos se cita concretamente:

«2. e) La transmisión de cualesquiera obras al público por hilo, cable, fibra óptica u otro procedimiento análogo, sea o no mediante abono».

Hoy compartir es delito y con el nuevo ministro va a seguir siéndolo. La ley ya la tienen y la propaganda antipirata de A3M y el «mundo de la cultura» afianzarán el modelo 4 hasta que nos sea tan natural que ni lo cuestionemos. Cuando perdamos el derecho a leer sin pagar ya no diremos eso de «ponerle puertas al campo».